A finales de 1996 salió a la luz pública un libro titulado What your doctor doesnt know could kill you (Lo que su médico no sabe podría matarlo) del escritor norteamericano William A. Kent. Lo cierto es que los recientes titulares acerca de los riesgos de la terapia de reemplazo hormonal parecen hacer más relevante que nunca el tema de ese libro. El tema de la falta de conocimiento de los hallazgos científicos por parte de muchos médicos se puede notar incluso en un editorial publicado en el mismo número de la revista de la Asociación Médica Americana en que se dan a conocer los resultados del reciente estudio que señala los riesgos de la ya mencionada terapia. En ese editorial se catalogan dichos resultados como sorprendentes e inesperados. En realidad estos resultados no tienen nada de sorprendentes ni de inesperados y, de hecho, como señalan los propios autores del estudio, ya existían desde hace varios años datos que indicaban numerosos riesgos relacionados con las terapias de reemplazo hormonal. Por ejemplo, se señala que los resultados combinados de estudios epidemiológicos apuntaban a un incremento de 15 porciento en los casos de cáncer de mama en mujeres que habían utilizado estrógeno y progestina por un periodo menor de 5 años y un incremento de 53 por ciento en las que habían usado estas sustancias por más de cinco años. Por otra parte como se indica en otro estudio llevado a cabo por el farmacólogo Jill Siegfried de la Universidad de Pittsburgh y publicado a comienzos del 2,000 las mujeres que utilizan la terapia de reemplazo hormonal tienen aproximadamente el doble de riesgo de cáncer del pulmón que las demás mujeres. Estos y otros estudios estaban disponibles desde hace varios años, sin embargo eran desconocidos para la mayor parte de los médicos. Lo cierto es que cada vez más muchos médicos dependen de la información que les suplen las compañías farmacéuticas y con su ajetreada práctica no tienen tiempo para leer y mucho menos analizar estudios científicos.

Los Orígenes de la Terapia de Reemplazo Hormonal

El principal impulso al empleo del estrógeno durante la menopausia ocurrió a partir de la década de 1960. Su principal promotor en aquella época fue un ginecólogo llamado Robert Wilson. En 1966 este escribió un libro titulado Feminine Forever en el que reclamaba que por medio de la administración de esta hormona las mujeres podían retrasar por unos 20 años los síntomas de la menopausia entre los que según este médico se encontraban dejar de ser una mujer ágil y alerta para entrar en un estado “insípido y atontado parecido al de una res”. Estos comentarios de evidente corte sexista, al igual que las grandes campañas publicitarias de las compañías farmacéuticas, calaron hondo en la mentalidad de la época y a partir de entonces millones de mujeres han ingerido estrógeno para aliviar los síntomas de la menopausia entre los que se encuentran calentones, sudores nocturnos, hipertensión arterial, aumento de peso, problemas del sueño, resequedad vaginal, y para presumiblemente evitar los riegos que la carencia de esta hormona puede causar. Entre estos beneficios estarían evitar la osteoporosis, reducir los riesgos de enfermedades cardiacas y mejorar la agilidad mental a la vez que se reduce el riesgo de padecer del mal de Alzheimer. Sin embargo, desde el comienzo se sabía que esta terapia representaba una serie de riesgos. Uno de los primeros problemas que se presentaron fue el hallazgo de que el estrógeno aumentaba grandemente el riesgo de cáncer de la matriz. Con el propósito de evitar esto se comenzó a usar una combinación de estrógeno con progesterona o una variación conocida como progestina que se absorbe mucho mejor. La más utilizada de estas sustancias es la llamada Prempro que fue la empleada en el reciente estudio.

Este estudio, el más grande hasta la fecha y en el cual participaron más de 16,000 mujeres en los Estados Unidos ha significado un duro golpe a los reclamos que se han hecho acerca de los beneficios de la terapia hormonal a largo plazo. En este estudio las mujeres que ingirieron la combinación de estrógeno y progesterona sufrieron un incremento de 41 porciento en los casos de apoplejías, un 29 porciento en ataques cardiacos y un 26 por ciento en cáncer de las mamas. Mientras más tiempo se haya empleado la terapia de reemplazo hormonal mayores son los riesgos. De hecho los problemas comenzaron a verse a partir de los dos años de comenzado el estudio en forma de un incremento en los riesgos de coágulos sanguineos y ataques cardiacos. A medida que pasó el tiempo este y otros riesgos continuaron incrementándose. Un dato interesante es que una de las razones que se esgrimían para utilizar la combinación de estrógeno y progesterona era que podían evitar problemas cardiacos. Los resultados de este estudio indican precisamente lo contrario, estas hormonas aumentan los riesgos de este tipo de problema.

Desde hace varias décadas se han levantado voces cuestionando la forma en que la medicina convencional maneja la menopausia. Uno de sus argumentos señala que nuestra sociedad occidental ha convertido lo que es esencialmente un proceso natural en una enfermedad que debe ser tratada a base de medicamentos y hormonas. Señalan estas voces que en muchas sociedades no occidentales en las que la menopausia es vista como un proceso normal las mujeres sufren menos síntomas y estos son de menor severidad que en nuestra moderna sociedad occidental.

Alternativas a la Terapia de Reemplazo Hormonal
Si la terapia de reemplazo hormonal presenta unos riesgos que la hacen inaceptable como alternativa a largo plazo, y si en algunos casos como en el de los problemas cardiacos, incluso aumenta los riesgos que estaba supuesta a prevenir, surge la pregunta de si existen alternativas para la mujer que no desea sufrir de las molestias temporeras que acompañan a la menopausia sino de males tales como la osteoporosis.
Ciertamente existen alternativas. Algunas tienen que ver con la alimentación, otras con el ejercicio y otras con el empleo de ciertos suplementos y plantas medicinales.
¿Que es la menopausia?
La menopausia es el cese de funciones de los principales órganos reproductivos de la mujer, a saber: los ovarios. En la gran mayoría de las mujeres esto ocurre entre los 45 y los 55 años de edad y va precedida por un periodo conocido como perimenopausia que puede exceder los diez años en los que la ovulación y la menstruación se tornan cada vez más irregulares.Hay que recordar que además de almacenar y liberar óvulos los ovarios producen varias hormonas entre las que se encuentran estrógeno, progesterona y testosterona. En la menopausia además de terminar las posibilidades reproductivas de la mujer, se produce una disminución radical en los niveles de estas hormonas. El estrógeno, en particular cumple numerosas funciones en el cuerpo. Es de gran importancia para el funcionamiento de diversos tejidos incluyendo las membranas mucosas, los huesos, la piel y las arterias por lo que su carencia durante la menopausia tiene grandes efectos. No obstante, pequeñas cantidades de estrógeno son producidas en otras partes del cuerpo como las glándulas adrenales, que también producen testosterona la cual puede ser convertida en estrógeno por el propio cuerpo. Algunos estudiosos señalan que luego de unos años el cuerpo se ajusta naturalmente a los reducidos niveles de estrógeno y cuestionan la sabiduría de ingerir esta hormona.

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